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13 de febrero de 2017

No te poses en silencio en mi ventana,
flightless bird, ¿ya te perdí?
No te poses como se posan los pájaros de la casualidad,
tibiamente en el costado de la belleza,
que el azar es un cisne negro que pisa en el hielo y lo rompe,
y de los pedazos escribe un poema.
Lindísima con las alas al viento,
es tan fácil pintarte esta noche,
que tu vientre se me anuda en una soga,
una cuerda metálica y azul que sabe a vino derramado.
No me llores, pregunta por mí tú que vas por las nubes,
que me da vértigo caerme en el cielo como un globo,
que me han soltado las manos de un niño,
que se ve tan pequeña nuestra casa desde aquí, amor,
y tengo miedo.
Que no te laman las llamas del silencio,
fuego invisible quemando en las manos que ahora me agarran el rostro de cera.
Y es tan atroz en los oídos tu nombre,
que se me acerca inexorable una luna verde,
y hasta que un bicho se detenga de golpe,
dando en el tallo con un hacha implacable.
Volverá a nacer
respirando hondo en el mar del sur,
en una arena de flores de cerezo y amapola,
de latidos de timbales que el levante arremolina y enreda,
de temblores ígneos bajo los pies del peregrino.
Volverá a nacer,
en las brutales insignias que atesoran las gargantas,
en los cálices de savia incandescente,
savia que será vertida otra vez sobre un sol que estará eclosionando.
Y entonces el cielo ya no será más un abismo sino un manto de estrellas.

19 de diciembre de 2016

Emplear la lengua primigenia,
volver sobre los pasos pintando las huellas en la tierra mojada,
y mirarnos en la nieve violeta de la hora imprecisa
en que jugando me emancipaste,
cuando por una extraña singularidad
se desgajaron mil eslabones, mil raíles y mil grilletes en mil símbolos de acero,
mil palabras como polvo plateado en la memoria y la sien,
dunas de colores y regalo,
tiza de corales volando por el suelo
y hasta allí mismo
hasta la casilla última.
En esa hora imprecisa jugando,
tan solo jugando me has roto el bucle y el fractal,
me has roto la elipse en que caminan los vagones de los astros,
y el torbellino de las ondas del estanque navegando hacia tu mano,
centro del eterno mandala,
lienzo expandido sobre lienzo,
robles de otoño enraizados con ramas de relámpago.
Tan solo lloviznando
has golpeado en la estepa,
y con el destino incontestable de un gato
me voy por el tejado,
te he soñado incansable esta larga madrugada
y me he guarnecido en la mañana tibia que ahora despunta,
y bajo el manto de nenúfares de tu pelo,
tierra prometida,
tierra mojada,
tierra en la otra orilla colmada de nuestras huellas,
que tan solo jugando has pintado mañana.

22 de marzo de 2016

Lloro la lluvia
del cerezo desnudo
que no tuvo abril.

27 de abril de 2015

No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre,
que cada cosa cruel sea que tú vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil,
no seas caricia ni guante;
tálame como un sílex, desespérame.

9 de abril de 2015

Para cuando prende la llama en el hielo,
yo ya no estoy derramado,
ni estoy brotando en los extremos de las ramas,
cristalizo en un punto de nácar
entre las rejas de un ente,
de un ente en lugar de nada.
Para cuando el acorde me acuchilla
yo ya he puesto tu palabra en la herida,
en la sangre que gotea en la escalera,
palabras como charcos,
charcos como espejos
espejos como cielos.
Cuando el disco flota en el lodo,
los números perfectos se comban
y en los lindes del huerto de luz me embarco,
ayer y mañana se me olvidan,
y cuando la llama prende en el hielo,
el olvido es una huella en la llama.

13 de octubre de 2013

Un cementerio, donde a veces
un pájaro grazna en el recuerdo
delirante de un indigente negro,
bien podría ser un principio,
un centro.
Entonces bastará una camiseta raída
que haga las veces de metáfora
o de paño de cocina
para darle el relieve que le falta
a la reina de baraja;
y que además este naipe culmine el castillo,
que sea la última teja de la torre,
cerca del cielo pero sin el cielo.
Es aquí donde me tienes, donde me tenés,
apenas atado a un reducto de mí mismo,
un ectoplasma de posibilidades abortadas
y universos de duermevela,
paralelepídedo de cristal
que habita un fuego fosilizado.
Justamente atado,
porque reincido,
porque yo, porque tercamente yo, jo,
jo em dic,
así me reafirmo y así me engaño,
posado en el fiel de una la balanza al uso
(pero sólo un pájaro podría posarse),
contengo el aliento,
a veces como a punto de dar el salto,
con en un brazo la cuerda bien tensa
y por otro brazo un ala desplegada.

6 de mayo de 2013

La nada particular que hay entre nosotros
todo tiene inaprensible,
cómo podría decirlo,
cómo hablar de un cuento de infinitesimales
en donde Aquiles no alcanza,
de este grave cero que me habita y conmueve,
un vasto cero indecible,
un silencio súbito de ojo de huracán,
y como de orillas con imposible apnea
donde llegaren pájaros para quedarse.
Que este silencio no es el grito de un cadáver,
que es un silencio solo de alas detenidas,
de luz naranja en el eterno amanecer
que baña a los seres de pequeños planetas
y a nosotros sólo en horas intempestivas;
silencio que late en los tiempos y compases,
que es el que guardan los retratos de los ruidos,
y hasta los versos escritos,
y la palabra que se ahoga en las miradas
que nada dicen, o nada particular,
sólo un exceso de 21 gramos de nada,
nada que media en esa infinita distancia
entre nosotros y tú y yo,
entre tú y yo y las mitades,
y lo que es amor y la suma de sus partes.

6 de abril de 2013

Tan sólo hay nebulosas donde entrevernos,
y andamos dejando huellas en la nieve.
Las orugas sueñan con poder volar,
se han pasado la primavera durmiendo,
y aún parece que huele a tierra mojada.
El poso de un café nos promete sexo
con una torcida y oscura sonrisa,
con pupilas blancas y llenas de hormigas.
Muertos de sed de veneno de amapola,
ya no hay tiempo que invertir, él no se invierte,
la vida es más un poema que un martillo,
la luz que entorna los bordes de una puerta,
entreabierta pero a punto de cerrarse.

30 de marzo de 2013

Si tuviera un lugar al que volver,
una patria que no fuese el pasado,
si tuviese algo eterno,
lo llevaría conmigo o me quedaría.
Pero no por detenerme
pondré freno a esta rueca,
y quizá me traigan felicidades
otras versiones de mi propio rostro,
acaso me guiñe los ojos la fría marea
y esta cáscara de nuez me lleve a puerto,
acaso me acompañéis con la mirada,
y con un rezo callado confiéis.
Quizá me reafirme cuando me eleve
sobre las nubes, aterrorizado,
radicalmente vivo
y lleno de renuncias.
Que por primera vez se me antoja posible
dejar de existir de prestado,
y que una reservada belleza me aguarde
en la luz más última de una nebulosa.
Quizá me acompañen vuestras señas
cuando vaya a la deriva en el vasto universo,
tal vez el recuerdo sea mi aliento,
allá donde mi vista se pierde,
donde vuelvo a ser algo más que yo mismo,
y vuelvo a ser el aprendiz del viento.

26 de marzo de 2013

03:00 a.m.

Toda la vida se ha hecho para esta sola madrugada,
y pretender amarrar este instante,
este irrepetible instante, tan imposible,
será como nadar hacia un puerto esquivo donde ya no hay muerte,
sino tú, sino yo,
como estatuas rescatadas de la guerra,
fotografías volando a la par sobre los giros del mundo,
tan empeñado en sus días y sus noches;
Pero y si sólo esta vez...
y si mañana no hubiera,
y si nadie nos esperase en el sur de nuestros padres,
yo ya no sería lo que tercamente soy,
sólo respirando agotaríamos la duda que nos separa,
para que sólo nos quedara la hipnosis,
y tus pupilas como la luz de un túnel,
y que entonces fuese verdad:
que toda la vida se ha hecho para esta sola madrugada.

1 de marzo de 2013

vigilia

Tengo El Anticristo en mis manos mientras duermes,
cuando toda la luz de esta estancia insolente
la exhalas a tiempo en un ritmo quebrado,
cálido, plácido.
Y al margen vas tejiendo con la bruma,
ausente
de todo cuanto veo y escribo o lamento:
este hambre feroz,
este humo en la ropa,
la risa amarga que me despide,
el terco desorden,
y nuestra voz muda o agotada
de no hallar rastro de un huidizo infinito,
y este cuadro que nos inmortaliza
minuto a minuto, pero sin tiempo.
Tengo tu boca en mis ojos mientras duermes,
cuando se abren los tuyos sin buscarme,
escapando hacia mañana como una promesa espuria.
Y al margen me tienes perdido en un lugar de esta estancia,
ausente
de todo cuanto sientes y sueñas o lamentas,
este frío extranjero,
la duda, la noche enmarañada,
este súbito retratista,
y este yugo que nos eterniza
minuto a minuto, pero sin hablarnos.

19 de febrero de 2013

Era la vida o la enfermedad, una de dos,
volviendo para estallar en mi costado.
Pero no te vi entonces,
vi las manos de un enemigo entre las mías,
cuando por un instante fue siempre hermano mío.
Y vi que los viejos árboles me cubrían
en la tormenta otra vez,
como a un niño con fiebre.
Pero no te vi entonces,
sólo te escuché después,
cuando de ti y de mí
ya no quedaba rastro.

2 de agosto de 2012

Ojalá pudieras verte como te veo,
como una estatua de sal en la lluvia,
un lobezno ante la luna menguante.
Ojalá nos sorprendiera la muerte
bailando por la noche en el desierto,
para ya nunca acabar de contar;
y que el pasado cambiara o me redimiera,
y volviéramos a llorar con los ojos
de los niños y de los que no saben.

22 de mayo de 2012

Utopía

En los días del diluvio
te encontré entre el griterío,
entre el frío, los efluvios
y las calles como ríos.
Se hundía la ciudad gris
de un sueño y ningún país.

Capitana de aquel barco
condenado a naufragar,
querías ser charco en el charco,
caracola de la mar.
Qué pensamiento rotundo,
querer ver el fin del mundo.

Como todos, yo escapaba
a un rascacielos o un monte,
y fue tu rostro una traba,
¿qué tendría el horizonte
que debió de congelarte?
¿Cómo no intentar salvarte?

Pero entonces ocurrió:
me clavaste las pupilas
y me dijeron que no.
Dos témpanos o dos lilas,
fui Abel y ellas Caín.
Qué sombría naturaleza,
qué maldita la belleza
y prematuro este fin.

No llegaron a mi oído
las palabras que se ahogaron,
ni hallé caminos perdidos,
u hogares que se soñaron.
Siguieron en pie los muros,
seguía en blanco el futuro.

Aún después de aquel día,
sólo quedó la promesa
de los hijos que vendrían,
que la Historia sigue ilesa:
le dio muerte quien la fragua,
siempre renace del agua.

Y seguirán como ciegos,
perdido el norte y sin faros,
quemados por este fuego
hasta que encuentren un claro
en el bosque del error,
que es aquello que has negado
a quien quedó en el pasado:
acaso un destino mejor.

Seguiremos como ciegos,
sin camino ni otro amparo
que el de la suerte y su juego,
siempre libres sin reparos
en esta selva sombría,
a solas con nuestro empeño,
donde nos sobran los sueños
porque falta la utopía.

15 de mayo de 2012

Huracán

El Príncipe ha sabido de un plan esta mañana:
gatos de Dinamarca le robarán la lana.
Por eso lo verás apostado en su ventana,
entreviendo en el tejado intenciones malsanas.
Con el rostro dibujado en el vaho del cristal,
la niña zahorí, de poder sobrenatural,
sabe por radiestesia que no le irá tan mal
si accede a subir a dos bricks de leche el jornal.
Ser o no ser, Hamlet hoy no está contento.
va a saltar levante, va a cambiar el viento.

La joven porteña acude a clase en bicicleta,
donde Jack Kerouac le muestra mágicos cometas,
y va con párvulos de excursión a coger setas
a Nunca Jamás, donde se citan los poetas.
La Guardia Civil los toma por representantes
de un peligroso sueño propio de maleantes,
y las vagas consignas de idealistas farsantes
se queman con Bruno en una plaza llameante.
Roma arde y clama ante Nerón el sargento:
"no se extinguen las llamas con tanto viento".

Mientras, Marie Curie se relaja en su bañera
sabiéndose una mártir de la fe verdadera.
Que la salud sólo es para abultadas carteras,
y la promesa que le hizo a la parca es sincera.
Ya está ciega, y el mundo está enfermo de ceguera,
"Es muss sein", se oye en una radio de madera,
elegía en la Sorbona, llanto de plañidera,
porque ha ido a tocar el agua la sombra postrera.
El péndulo de Foucault ya se mueve con su aliento,
la bala de un fusil atraviesa el viento.

Janis Joplin me clava sus dos miedos vidriosos,
navego en las sienes que no encontrarán reposo;
cazar las hormigas que sus labios han llorado
es lamer la savia de un retoño lastimado.
Ella es el niño perdido que agarra mis manos,
puerta entreabierta entornada con luz de verano,
un poso de café que promete amor en vano,
con un ala rota, tiene por cielo un piano.
Ha venido a pedirme que me quede un momento,
a verla volar como una hoja seca en el viento.

8 de febrero de 2012

Hoy al tiempo lo recibo en mi casa,
como al hijo pródigo que regresa
para traer su mentira inconfesa,
su bello antifaz de sonrisa falsa.

Mañana una promesa es desengaño,
y al ayer nunca debieras volver;
no hay jueces que nos puedan absolver
de hacer a la vida esperar un año,

ni cuerpo ha nacido aún que lo aguante,
ni arderá la juventud en tal día.
Tú estás donde será, yo donde era antes,

vivimos en la misma fantasía.
Busco detrás y tú buscas delante,
a la larga tu rostro encontraría.

12 de enero de 2012

Mamihlapinatapai

Me miras como un estanque templado,
despertando de súbito en la aurora;
cuando en tus aguas se va desvistiendo,
impúdica y tácita,
la sirena que orienta al extraviado,
este viento que nos mueve a deshora,
esta idea que nos está consumiendo.
Me miras como me mira un abismo,
y leyendo en mis ojos la batalla,
me conduces por tiempos que aún no existen,
sintiéndolo al vértigo
morir de sed encerrado en sí mismo.
Entonces tiembla el estanque y se calla,
nos alejamos, y el alba es más triste.

11 de septiembre de 2011

Entre el día y la noche

Atardece y me preguntas
qué hay en ti de atardecer,
cómo eres playa y mujer,
esa culpable presunta
de herir a un sol que se ayunta
con este mar de cristal,
sol tan ávido de umbral
que, con su último temblor,
se convierte en el pintor
de esta tarde en el final.

Blanca la mano que mece
las aguas de la ceniza
donde este sol agoniza,
donde ante ti comparece,
helado como otras veces
por tu corazón de nieve,
corazón blanco y tan leve
que una sola palabra mía
pronunciada lo mancharía:
calle mi boca si debe.

Rojo allí en esa frontera
derramada y confundida
entre la noche y la vida,
entre el día y "la postrera...",
La esperanza traicionera,
ni cobarde ni valiente,
ocurre que a veces miente:
no es sino un oscurecer
disfrazado de tu ser,
que nos aguarda impaciente.

Dorado quebrando el cielo,
estallido cegador,
abriga el viento un candor
en su presuroso vuelo,
y así embriaga todo anhelo.
Esta vida es un momento,
todo es efímero y siento
que todo debe cesar,
el techo se ha de voltear,
se apague el astro y el aliento.

Azul como este nadar
entre sueños encallados,
murmullos de mi costado
que el agua habrá de callar
para que oiga ecos de mar,
las voces del vasto vacío
cuyo cuerpo ahora uno al mío.
Nada soy si no es en ti,
nunca en vida distinguí
río en mar, ni lluvia en el río.

Yo tan día, tú tan ocaso,
tú mi mar y mi deceso,
descansen allí mis huesos
en este horizonte raso,
hallen luz, tu paz acaso,
que vendrá la noche luego
para que vuelva aquel juego
en que contabas estrellas,
yo ya insomne y tú tan bella,
mi dolor, mi aire, mi apego.

No despertará otro día
en esta noche por densa,
me cubrirá tan extensa
como el mar que la traía.
No entrarán por celosías
ni blanco, rojo o dorado
ni azul, los ojos cerrados.
Te encontré y ya no te vi,
y te abracé y me extinguí,
y fui sombra y fui pasado.

23 de agosto de 2011

He vivido en lóbregos castillos de acero,
buscando terco en el silencio un alarido.
Bajo la mirada torva de cien mil lunas
perseguí la albura infantil de los esteros,
hallé entre chamizos de un roble malherido
gélidos fuegos que no emiten luz alguna.

Hundí mis brazos en océanos de piedra,
volé en las cumbres de rodillas en el suelo,
viví en las sentinas con máscaras sin nombre,
amarré un cometa con maromas de hiedra.
Afuera aullaban teléfonos sin consuelo,
dentro el desagüe engullía el suero de un hombre.

Vi llover desde el balcón de un templo en el cielo,
y a grullas de papel volar desde unos labios
para quemarse en el rubor del horizonte.
Seguí los pies descalzos que hollaron el hielo,
y las sendas de la tez cetrina de un sabio,
que son como arroyos de ceniza en los montes.

He despertado en el sepelio de los astros,
sobre un universo en que ha caído el telón,
para bajar al valle ya sin más cadenas,
para unirme a la procesión que escucha el rastro
de la risa de un payaso ante el paredón;
para hundir mis dedos en cabellos de trena,

besar el agua tibia que la playa llora,
clavar en la lengua la espina que ha brotado
en el crisol que me espera al amanecer,
como espera al viajero la tierra que añora.
Voy al encuentro de mis días aplazados,
voy a laberintos que están por recorrer.

17 de agosto de 2011

Si sigues al viento, arena esparcida,
si la cuerda que te abraza es vencida,
píntame una estela.
Si sigues al viento, barco de vela.

Pintame una estela, si ahora te borras,
para que así me oriente y la recorra.
O prende una hoguera,
si ahora te borras, si no me esperas.

Prende una hoguera, pero no me quemes
el cuerpo, haciendo lo que el alma teme.
Si vas con el viento
como arena, barco, fuego y aliento.

No temas a las sombras
si el aire te lleva como a una leve cometa,
si vas con tu cola de luz a alumbrar los planetas,
que mi sangre riega el suelo y la noche se agrieta,
que liberadas de sus cárceles ya vuelan
mis alas, detrás de tu estela.